Carritos vs muñecas

Seguramente algún día hemos encontrado a nuestro hijo varón jugando con una muñeca y nos hemos paralizado sin saber si alentarlo o prohibírselo. Antes de reaccionar, conviene preguntarnos si la elección de juegos típicamente masculinos o femeninos es natural o está determinada por la cultura en la que vivimos.

Las diferencias entre niños y niñas

Hasta los 3 años, las diferencias entre los niños y las niñas son todavía sutiles; pasan por las mismas etapas y les gustan los mismos juguetes. Pero a los 4 años el nivel de testosterona (la hormona masculina) se duplica en los niños. Por eso se vuelven más bruscos y comienzan a practicar juegos más activos. Las niñas prefieren entretenerse de manera tranquila con una o dos amigas y sus cocinitas, y ellos se agrupan para hacer carreras, jugar a policías y ladrones o echar un partido de fútbol.

Ellas aprenden antes a participar en juegos de cooperación; ellos tienden más a la competición.

Sin embargo, muchos de sus juegos favoritos son “unisex”: los triciclos, los patines, los puzzles o los libros de cuentos. Y también los balones y los principales objetos del juego simbólico: los muñecos. A los 4 años, tanto los niños como las niñas se ven atraídos por los muñecos de apariencia humana; con ellos imitan a mamá y a papá (por eso juegan a bañarlos, vestirlos, abrazarlos, regañarlos…), ensayan distintos roles, descubren las profesiones y las tareas de casa y aprenden a ponerse en el lugar de los otros. En algunas ocasiones expresan mejor sus emociones, vivencias y sentimientos a través de sus muñecos que hablando con sus padres. Por eso es bueno fomentar y observar estos juegos.

¿Naturaleza o cultura?

Los estudios sobre el juego infantil no se ponen de acuerdo acerca de esta pregunta. Es indudable que existen ciertas características que diferencian el juego de los varones del de las mujeres. ¿Pero nacemos con ellas o se van formando a través de la educación que recibimos?

Podríamos decir que hay algunas particularidades naturales de cada sexo como, por ejemplo, el más temprano desarrollo motriz entre los niños y del habla entre las niñas. De todos modos, esto no determina sus elecciones en torno a los juegos.

La razón principal por la que las mujeres juegan a algunos juegos y los varones a otros es social. Desde pequeños se van formando en el rol que su familia y la sociedad en la que viven suponen que deben desempeñar. Por eso algunos padres les prohíben a sus hijos entretenerse con juegos que supuestamente están destinados al sexo contrario.

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¿Hay que tratarles igual?

Aceptar el carácter y la personalidad de los hijos es fundamental para su desarrollo. Si los padres critican su forma de jugar o de relacionarse, coartan sus iniciativas. Sin embargo, sí es bueno estimular comportamientos asociados al sexo contrario, y que no lo son: enseñar a los niños a ser más sensibles y a las niñas a ser más decididas.

Es verdad que los niños y las niñas son diferentes en algunos aspectos. Y también que los padres y madres los tratan de forma distinta dependiendo de su propio sexo: los padres juegan y actúan de un modo más físico y las madres prodigan más las caricias y el lenguaje. La clave está en hacer entender a los hijos que todos somos diferentes y que cualquier persona puede hacer bien cualquier actividad. Valorar la diferencia sin rechazar a los que son distintos es la mejor receta para que tu hijo o tu hija aprendan a quererse y a desarrollar sus capacidades.

Al niño:
Dale a diario oportunidades para jugar al aire libre, alborotar, hacer “el bruto”… Necesita desfogar su energía. Pero alterna estos momentos de acción intensa con otros más tranquilos: siéntate con él a hacer un puzzle, dibujar, construir un castillo, leer, hacer manualidades… Potencia también su lado sensible: si quiere jugar a las muñecas o a las cocinitas, anímale a hacerlo.

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A la niña:
Déjala jugar a las mamás sin prejuicios pero procura que practique también juegos físicos. Anímala a correr, moverse, divertirse al aire libre, encaramarse a los columpios… Cuando la lleves al parque, vístela con ropa cómoda (aunque a ella le encanten los vestidos rosas de volantes) y no la regañes si se ensucia. Así incrementarás su autoestima, independencia y capacidad de decisión.

Si asumimos que los juegos son ensayos de roles, tenemos que pensar que condicionan a los niños en sus actitudes futuras. De allí la importancia de evitar que, cuando crezcan, varones y mujeres asuman actitudes sexistas. Para ello debemos ofrecer a niños y niñas los mismos juguetes y permitir que sean ellos los que elijan a qué quieren jugar. Por otro lado, no reírnos nunca de un niño que escoge juguetes tradicionalmente femeninos o de una niña que elige aquellos considerados masculinos. Al proponer juegos de imitación de roles, tenemos que evitar aquellos que induzcan a establecer estereotipos sexuales. Por último, alentemos a las niñas a practicar juegos activos y a los niños a jugar con juguetes típicamente femeninos.

Fuente: www.crecerfeliz.eswww.tudiscoverykids.com

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